Educar sin Culpa -Alejandro De Barbieri

 Uno de los grandes retos para los docentes hoy en día es que las escuelas han asumido muchas funciones que antes eran responsabilidad de la familia, como la educación de los niños y jóvenes. Esto ha llevado a que en las aulas sea cada vez más común encontrar adolescentes impulsivos, agresivos, ansiosos, demandantes y con poca consideración por la autoridad. Además, la profesión docente ha sufrido un desprestigio social y la exigencia de "ser divertido" derivada de la "cultura del entretenimiento" actual. Como resultado, muchos maestros no se sienten valorados ni por los padres ni por los alumnos, lo que puede llevar al desgaste y la desmotivación. Para contrarrestar esto, Barbieri propone restaurar el vínculo entre la familia y la escuela. Barbieri también sugiere que los docentes deben ser optimistas, lo cual no es lo mismo que ser divertidos. Cuando los maestros se sienten libres, pueden ser más creativos en su práctica. Según Barbieri, "el optimista educa, el pesimista doma [...] no se puede educar sin optimismo, sin confianza". Por lo tanto, un gran desafío para la educación actual es restaurar el optimismo entre los docentes. Los profesores deben "despertar deseos" aunque no puedan satisfacerlos, deben contagiar pensamientos y entusiasmo, ya que el entusiasmo se transmite y si los estudiantes lo perciben, tendrán más motivación para aprender. Asimismo, sugiere que para relacionarse mejor con los estudiantes, cada institución educativa debe cuidar a los alumnos en todas sus dimensiones: biológica, psicológica, social y existencial. Para restaurar la relación entre la familia y la escuela, deteriorada en los últimos años, Barbieri sugiere restaurar la confianza entre los profesores y directivos con los padres de familia. Esto implica dejar de temer a la familia de los estudiantes y convocar más reuniones y talleres psicoeducativos, así como recuperar la comunicación efectiva y afectiva. A veces, aunque se convoque a los padres a estas reuniones y talleres, no responden al llamado. Para mejorar la asistencia, es necesario fomentar el sentido de pertenencia a la escuela y ser más creativos al hacer las invitaciones. Además, Barbieri explora la "pedagogía de la exigencia" basada en el trabajo del profesor Fontanieu. Esta pedagogía implica presionar a los estudiantes sin llegar al autoritarismo, para exigirles lo mejor de sí mismos. Un estudio de Lipman de 2013 ha demostrado que ser exigentes hace que los estudiantes obtengan mejores resultados. Bajo esta perspectiva, entendemos que los estudiantes tienen el potencial para realizar un excelente trabajo y nuestra tarea es guiarlos para que lo logren, con firmeza, pero también con cariño, optimismo y críticas constructivas.



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